miércoles, 22 de agosto de 2007

Re

Estaba pensando que probablemente no exista aquello de la vida después de la vida. No al menos del modo en que se trata. Leí un libro medio chafa que giraba en torno a eso. Era una novela en realidad. Los personajes habían reencarnado una y otra vez en el tiempo, desde la conquista hasta el año en que las plantas podían comunicar su inconformidad a sus dueños humanos. Estaban condenados a vivir muchas muchas vidas hasta que lograran entrar en razón y así perdonarse los unos a los otros. Luego, vi una película de un señor que tiene muchas cosas (una familia, un auto, una casa y así) y creo que como que al tipo se le olvida qué lugar ocupan en su vida. Un día no sé si despierta convertido en un perro o se ve cómo llegó a ser un perro. Y pues bueno, condenado también estaba, ¿no? No valoró lo que tenía en su vida humana, así que, encerrada en un cuerpo humano o en un cuerpo canino, su psyche estaba destinada a valorar lo que tenía. Sí, hay interminables cosas que hablan al respecto y muchas abordan el tema desde el mismo punto de partida: el alma o el espíritu, o sea como sea que le quieran llamar, viajará, hacia adelante en el tiempo, del cuerpo desgastado con el que cometió sus diversos crímenes a un cuerpo nuevo a reivindicarse, a pagar por estos crímenes, que al parecer seguirán acumulándose (a menos que seas digno de indulgencia, cruzando los límites del bien para poner en el buen camino a los infieles de por allá).

Las almas malas se van al infierno, ¿no? Entonces, por deducción lógica, el infierno es el mundo mismo, porque, si las almas malas deben reencarnar en tierra de hombres para reformar sus malos hábitos, y las buenas van directo al cielo, entonces o el infierno está deshabitado (y dicen que no es así) o el infierno sí existe, y lo habitan las almas desubicadas y eso y eso... no sé, todo es más complicado que esto... es sólo que no puedo escribirlo... no hay términos precisos o algo. Pero creo que aún así se entiende la idea, ¿no? Si no es así, favor de dejar un comentario: 'Xelhá, no te entendí ni madres' o algo.

Bueno, yo iba a hablar de una forma distinta de reencarnación. O quizá ya se ha hablado de ella, pero puesto que yo no sé si es así, pues no me interesa, seguiré creyendo que yo soy la autora original de esta hipótesis.

Y dice: A lo mejor en tu otra vida reencarnarás en Equitius Sextus, uno de los miles de rebeldes que siguieran a Espartaco en la antigua Roma; o el primer homo en probar la carne cocida, en tiempos prehistóricos; o un padre tlaxcalteca que perderá a su joven hijo guerrero en alguna de las guerras floridas libradas aquella ocasión con los sanguinarios aztecas; en José Stalin, Adolf Hitler o en el mismísimo George W. Bush!; en uno de los más influyentes impulsores de la Reforma Protestante; o en uno de los peripatéticos aristotélicos, de aquí allá; en Cleopatra; en John Lennon; en Cuauhtemoc; en el Rey Sol; en Luis Miguel; en Karl Marx; en Jean LeCoq (algún francés del siglo XVIII que cayó en una coladera abierta); o en Descartes; en Pitágoras; en Martha Sahagún; en Constantino I; en Otto Von Bismarck; en Atagualpa; en Nelson Mandela; en John Travolta; en tu madre; en Hugo Chávez; en Marie Curie; en Calígula; en tu vecino; en Mao Tse-Tung; en Mick Jagger; en Pedro Infante; en Winston Churchill; en Bono de U2; en Cristobal Colón; en Carmen Salinas; en Serena Williams; en Óscar Chávez; en Mahoma; en Santo Tomás de Aquino; en Adal Ramones; en Francis Ford Coppola; en Yuri Gagarin; en Tomás Moro; en Salvador Allende; en tu amante; en tu locutor favorito; en tu actor favorito; en tu cantante favorito; tu anfitrión favorito; periodista; reportero; político; gobernante... en Jesucristo.

Oh, bueno, quién sabe. Puede que mañana despiertes y te des cuenta que has reencarnado en el cuerpo del Mesías... lo cual daría completamente igual porque, para empezar no sabrías que en tu vida anterior habías vivido 2007 años más adelante... eso...

Yo reencarné en una niña que vive en la ciudad de México... quizá seré la persona más importante en el curso de la historia humana (o quizá ya fui).

Piensaaaa... la pregunta ya no es "¿Existe la reencarnación?", sino "¿En quién reencarnarás?"

Saludos a quien se moleste en leerme. Gracias

sábado, 7 de julio de 2007

En la Biblioteca de México, "José Vasconcelos", se está exponiendo hasta el 15 de julio una muestra de fotografías titulada Sobrelalectura. Consiste en la presentación de momentos cotidianos, en su gran mayoría ubicados en la Ciudad de México, que permiten visualizar el acercamiento de gente como tú o como yo, es decir, de gente común, hacia la lectura; nos muestra varias maneras en que éste se da y nos hace imaginar que existen otras 105 millones de formas más en que este hábito, o actividad poco habituada en algunos casos, se manifiesta tan sólo en este país. Basta de formalidades.

Es verdad, la muestra contiene una serie de imágenes en las que se pueden ver personas con distintas disposiciones frente al texto que se encuentran leyendo. Se ven estudiantes con copias fotostáticas para el resumen que deben entregar ya sea en una semana, en dos días o en cinco minutos; obreros, o gente con la finta, "iniciando la Jornada"; tranquilas personalidades comunes de la ciudad en cafetines con un cigarro entre los dedos de la mano derecha y un libro abierto en la otra; secres revisando los archivos que deben estar pasados en limpio para la mañana del día siguiente; hasta chinos leyendo en cafeterías verdes de bebidas caras y de insuficiente calidad. En fin, imágenes captadas sin pretensión que al mismo tiempo que son tan sencillas evocan algo de emoción. Emoción al ver cómo, a través de la fotografía natural -como yo he llamado a la que no implica posiciones predeterminadas (y que finalmente incurren en tal pretensión)-, no sólo el texto o el libro toman su lugar como entidades artísticas, sino también la persona que se adentra en las páginas de un libro se convierte en parte de la obra de arte, incluso, y sólo gracias a las fotografía, es de pronto la obra de arte misma.

Sí, es algo difícil de explicar, por lo que les recomiendo que mejor vayan y la vean por ustedes mismos (todavía no sé ni a quién le estoy escribiendo), ya que no pierden nada; bueno, quizá dos pesos, si viajan en metro; pero dos pesos no es nada si hablamos de cultura.

Y así fue. Al salir de la biblioteca, caminé hacia el mercado de la Ciudadela, lugar que hacía años verdaderamente que no visitaba. En realidad lo tomé como un recorrido por un museo, observando las artesanías que había por todos lados, los mil colores que hasta podías sentir subir a través de tu olfato, las máscaras cornudas que saltaban a la vista, los diablos y esqueletos que colgaban en varios locales. Me detuve en uno grande y observé en los estantes los juguetes típicos de México: los soldados de madera, los trompos hechos con una especie de lámina (¿o son maracas?), las muñecas morenas de muslos gruesos hechas de lo que yo creo que es barro, pequeños alebrijes de colores fosforescentes. Me detuve donde había una caja llena de este juguete que en una esquina tenía una pequeña estampa circular que marcaba '$10'; este juguete de varias tablitas de madera unidas por las bases por dos listones, el cual conforma una especie de ilusión óptica que es posible tocar, ya que al inclinar un poco la primera tablita, la de abajo cae, haciendo que la siguiente caiga y así, pero al final se mantiene íntegra. Pues bien, estas tablitas hicieron efecto en mi memoria, trayendo de ella las imágenes que la relacionan con mi niñez... recordé entonces todo como sabe un algodón de dulce; no es que la tablita me trajera todos mis recuerdos después de que éstos yacieran arrumbados como escombros en algún rincón de mi cerebro, no fue eso. Lo que hicieron estas tablitas fue darles un matiz distinto a esos recuerdos, uno un poco más dulce. Y no me lo aguanté, libremente lo dejé ir, experimenté catarsis en verdad, si saben a lo que me refiero. Seguí caminando por el lugar, creyéndome eso de que estaba en un museo, y llegué a esa explanada al aire cerca de los restaurantes. Me vi otra vez. Después me fui.

Cuando salí de ahí, observé al otro lado de la calle Enrico no sé qué a las muchas personas bailar danzón; a otras, practicar antes del gran baile; a otras, aprenderlo. Había un grupo de gente que se movía como si estuviera en una sesión de aeróbics; quién sabe, quizá es algo que se debe hacer para iniciarse en el arte del danzón, no lo sé. El caso es que me saltó a la mente, al ver que todos se movían sin inhibiciones, sin volver su mirada para verificar que nadie se mofara de ellos, que quizá sólo perdidos entre un grupo de personas que se mueven al compás de un punchis punchis, nos atreveremos a hacer cualquier cosa que solos nos costaría trabajo aceptar que deseamos llevar a cabo. No estoy hablando por todos. No sé por quién hablo, ni para quién...

También me pregunté si yo estaré bailando dentro de 40 años en ese mismo lugar. Puede haber mil y una razones por las que eso pueda o no pasar. Puede que un meteorito de unos diez metros de diametro caiga justo en esa pequeña explanada, lo cual haría desaparecer el lugar de encuentro de al menos unas cien personas con ganas de bailar, aunque bien éstas podrían cruzar la calle y bailar del otro lado, aunque ahora que lo pienso, probablemente ese meteorito, puesto que sería tan pequeño, se desintegraría al entrar en contacto con la atmósfera, porque me parece que allá arriba está a una temperatura muy elevada, así que las probabilidades de que un meteoro de diez metros de diámetro logren entrar en el mundo es de cero.

Bien, tendré que pensar en otra cosa. El otro día soñé que una cosa de grandes magnitudes destruía ese parque asqueroso ubicado en Lindavista, y nosotros nos reíamos y exclamábamos de felicidad. Después tuvimos que seguir huyendo, porque estábamos bajo ataque en nuestra ciudad superdesarrollada, y todo había sido un buen viaje.

martes, 26 de junio de 2007

Revolución sin humanos

Ayer caminaba con una amiga, comentándole acerca del libro Rebelión en la granja de George Orwell, hablándole de lo deprimente que me hizo sentir el final de ese libro; final que irremediablemente remitiría a cualquiera a aquél de 1984 del mismo autor. Pues más o menos esto fue lo que le dije:

"Es que es como si (el autor) te dijera 'nunca vas a poder cambiar las cosas'. Bueno, de hecho, no. Eso no dice. Dice más bien que 'nunca vas a poder cambiar al hombre'."

Y es que es eso... y aquí voy hacia dos cosas -una que concluí ayer con mi amiga, y una que acabo de recordar justo ahorita-.

La una dice así: 'En verdad os digo que, mientras haya vida humana en el planeta, ésta va a ser la única responsable de que toda buena idea (la cual en el mundo terrenal es ya de por sí difícil de alcanzar) que tenga posibilidad de aplicarse para el desarrollo dentro de cualquier ámbito de esta misma vida humana, se pudra en dos segundos con tan sólo entrar en contacto con la mente mundana y corrupta del hombre. Y es que no podemos negar que muchas teorías e ideas políticas que han sido propuestas por varios personajes a través de la historia, y que incluso hemos visto fallar en la práctica, como ejemplo, el socialismo, han probado ser precisamente eso, ideas brillantes que involucran seres humanos de una honradez y conciencia que probablemente nunca lleguen a exisitir en este tiempo ni en este espacio. Quiero decir, aquellas ideas van dirigidas a ideales de personas, lo cual dificulta su puesta en práctica, puesto que las que poblamos este planeta hemos sido seducidos y corrompidos desde el inicio de los tiempos y ahora cualquier indicio de poder y control en potencia nos desquicia hasta los huesos, nos turba y nos enloquece de un modo exagerado. Así que, lo que yo digo es, no habrá una revolución que torne las cosas en favor de los pobrecitos seres humanos, ya que, desgraciadamente, éstos no prueban en verdad tener habilidad para gobernarse a sí mismos con justicia y tratarse con igualdad; por el otro lado, devoran el poder con avaricia demencial, se atragantan con él, hasta el punto de descuidar y olvidar sus propósitos iniciales -en el caso de quienes en un principio luchaban por los sueños de una colectividad sin voz-, adoptando así la ociosidad y la huevonería como sus principales estados de acción. Sí, se alimentan del poder de la misma manera en que un cerdo traga lo que sea común que trague. Recuerden "Greedy as a pig."'

La otra: Eso que le dije a mi amiga precisamente. Siempre excusamos nuestra eterna apatía hacia las cosas que ocurren a nuestro alrededor, diciendo que para qué nos molestamos en mover un dedo, si la situación no depende de nosotros, si difícilmente ésta cambiará. Bueno, este tema puede extenderse en grandes proporciones, pero hoy no lo haré, ya que tendría que abarcar ciertos aspectos filosóficos de los que no puedo hablar ahorita mismo, ya que me tomaría algo de tiempo, y tiempo es lo que más me falta en este momento. Sin embargo, sólo diré que las cosas están del modo en que están por nosotros y debido a nosotros.

Concluyo por hoy diciendo, y retornando un poco a lo uno, que esa revolución que será por siempre anhelada y si acaso alcanzada, no será más que el paso o la cuna a la nueva generación de jóvenes soñadores que buscarán el triunfo de una revolución más que a su vez dará pie a los subsecuentes levantamientos revolucionarios que seguirán persiguiendo un sueño que en esta vida, en tierra de hombres, nunca podrá materializarse.

sábado, 23 de junio de 2007

Un, dos, tres

Uno Primeras impresiones
Dos Interés
Tres Constancia

Uno
Quiero dar una explicación de por qué siempre nos es tan importante cuidar las primeras impresiones para cualquier cosa en la que estemos involucrados. Por qué quiero o para qué, sinceramente no puedo decirlo, porque simple y sencillamente no tengo una razón definida. Y una razón definida, ¿para qué? Um, piensa, piensa... o quizá la pregunta correcta no sea para qué, sino para qué quieres plantear una razón de por qué quieres dar una explicación respecto a las primeras impresiones, porque la primera pregunta no contesta la que habías expuesto antes, o séase, la preprimera. Como sea, el caso es contestar por qué nosotros, o la mayoría de nosotros, cuidamos tanto la manera en que nos presentamos ante cualquier situación nueva en que nos encontramos. Sólo una persona sin nada que perder, sin compromisos, puede darse el lujo de pasar por alto las exigencias que, ahora como seres que conformamos esta imperiosa sociedad, hemos ayudado a mantener como los únicos posibles medios de hacer siquiera un poco visible nuestra inútil presencia dentro de la misma. Es por eso que esta pregunta debe y puede ser contestada en el siguiente punto de esta breve introducción a esto que me encuentro haciendo -que espero que alguien tenga el interés suficiente o, ya de perdida, algo de ganas para leerlo-.

Dos
¿Por qué aceptando formar parte de una unidad nos sentimos obligados a cuidar nuestras primeras presentaciones, también conocidas como primeras impresiones? Sólo hay una respuesta: de lo bien o bueno que haya redactado mi primer punto depende que este segundo esté siendo (sí, lo sé, un mal uso verbal, disculpen mi falta, se lo debo a mi maestra de Estética, aunque si lo analizas bien, encontrarás que este extraño, pero no por eso incorrecto, tiempo del verbo estar no carece de lógica, y que por otro lado, es más verídico e inmediato que todo lo que podría afirmar con bases científicas aquí. Sí, así es. Piénsalo un poco.) leído en este preciso momento. Así que he ahí la respuesta. Por ejemplo, hacemos esto que yo hago ahora mismo porque queremos que nos lean, ¿no es así? Bueno, se puede vivir tranquilo expresándose acerca de cualquier cosa para uno mismo, pero quizá, secretamente, y aunque digamos que no, quisiéramos que alguien escuchara las banales banalidades que sin objeto aparente, o que banalmente, nos vienen a la cabeza, para que al mismo tiempo, y con suerte, otro ser que cuente con características humanas, o que de menos aparente tenerlas, rebata enérgicamente nuestras humildes e inofensivas palabras o simplemente diga 'oh, no lo había pensado de esa manera'; cualquiera que sea la reacción, es el resultado final el que realmente nos importa, es aquella llamada nueva tesis, para la cual habrá sus respectivas antítesis y síntesis, esta última siempre llevándonos por ese camino extraño de la divagación y de lo que algunos ne cios llaman 'pérdida de tiempo', y que inevitablemente realmente nos induce a una interminable, fascinante y absorbente aporía. ¿Pero qué en el mundo no lo es? Es probable que el mundo mismo sea una aporía por sí sola. Y la sola posibilidad de comprobar eso nos volvería locos. Es lo bueno de los humanos: que nos angustia el sólo pensar que un poco más allá del alcance de nuestras manos está una posibilidad más de una posible realidad, por lo que nos conformamos con lo fácil, lo inmediato; decimos sí a cualquier cosa que ellos digan supuestamente de manera positiva que es la verdad. Probablemente no queremos volvernos locos, pero ¿por qué? Ni siquiera sabemos si la locura es un estado de éxtasis en realidad... no lo sé. No tengo ninguna respuesta definitiva; tampoco alguna parcial.

Tres
De pronto, ya sea al sentir que tenemos asegurado aquel lugar por el cual nos esforzamos en obtener con nuestra despampanante primera imagen o por un súbito acceso de apatía, nuestro verbo estar en tiempo gerundio va perdiendo regularidad cada vez que observamos que nos sentimos con más ganas de comer después de haber satisfecho esta necesidad orgánica de manera sana, o cada que nos damos cuenta de que no nos interesa más hacer algo como aquella primera vez en que pusimos nuestra mejor cara y toda nuestra buena fe en práctica. ¿Recuerdas la primera vez? Seguro que sí. Es como el día en que naciste o en el que renaciste y en el que dijiste 'no voy a poner esto en palabras en mi mente, no me lo diré a mi mismo, porque en realidad la idea está aquí y no hay necesidad de darle términos, ya que de esto no depende el que ahora haga lo que estoy proponiéndome hacer; simplemente lo haré, y si no dejo de estar pensando y poniendo en palabras lo que dije que no pondría en palabras quizá ya estaría terminando mi objetivo...', pero aún así lo hiciste. El caso es que sólo quiero decir algunas cosas aquí. Sí, porque para mí son cosas bellas que figuran en mi vida, pero para otras personas mis beldades son, como arriba he dicho, puras banalidades... exacto. Y para eso necesito alimentarme bien, porque es importante la energía para notar los pequeños fenómenos que se abren ante nosotros gratuitamente, y de las maneras más diversas, pero que por cerrados o por obsesos o por alienados no advertimos. No sé por qué el punto tres es Constancia; quizá no tenga importancia, distinto a los recuerdos de tu infancia, que ya recordar es una ganancia, lástima que está ahora a una gran distancia, al igual que Alsacia, aunque no creo saber en qué parte del globo encontrarla...

nos vemos.